A nadie le gusta sentirse triste. Sin embargo, la tristeza es una de las cuatro emociones básicas del ser humano, por lo que –nos guste o no– nos encontraremos con ella cara a cara en algunos episodios o situaciones de nuestra vida. La clave está en saber canalizarla y no dejarnos llevar por ella.

“Todo tiene su hora; hay un momento para todo cuanto ocurre… Un tiempo para llorar y un tiempo para reír. Un tiempo para entristecerse y un tiempo para bailar…”, Eclesiastés 3:1-4.

Algo maravilloso de la tristeza es que se trata de la emoción más reflexiva de todas ya que siempre se enfoca en algo del pasado que ha cambiado en nuestro presente, sea que involucre a una persona, situación o cosa.

Su función es hacernos más conscientes de los cambios, recordarnos cuán vulnerables podemos ser y ayudarnos a soltar; todo sea para ser cada vez más maduros emocionalmente.

Aunque no sea agradable sentirnos tristes y esto nos tire el ánimo por el piso, es muy importante ser intencionales a la hora de lidiar con esta emoción si no queremos que nos arrastre a un panorama peor, como la desmotivación, baja autoestima o depresión. Por eso traigo algunas estrategias que te ayudarán a superarla.

Para combatir la tristeza…

1. Reconócela. No pelees contra la tristeza porque eso no la hará irse. Tampoco la ignores porque no harás que desaparezca por arte de magia. Recuerda: se trata de una emoción. Lo más sensato es que la reconozcas y abraces ese sentido de consciencia que desea brindarte sobre ese hecho en tu vida que la está desencadenando. Esto nos lleva al siguiente punto:

2. Desahógate. Corre, escribe, grita, llora pero ¡desahógate! Luego de reconocer la tristeza como emoción y el sufrimiento que te ocasiona, es tiempo de drenarla para luego abrir paso a la paz en tu corazón. Si te rehúsas a drenar toda esa carga emocional que experimentas, solo conseguirás que se acumule dentro de ti y te contamine.

“Vale más llorar que reír, pues podrá hacerle mal al semblante pero le hace bien al corazón”, Eclesiastés 7:3.

3. Habla con otros. Quizás esto es lo último que desees hacer y es entendible. No está mal tomarse un tiempo para estar contigo misma cuando estás triste; de lo que debes cuidarte es de no aislarte y alejarte de todos porque “no te gusta que te vean así” o “no quieres preocupar a quienes amas”. Por duro que resulte leerlo, esa actitud habla más de tu ego y orgullo que de estado emocional.

Cuando la tristeza acecha, la soledad no es buena consejera y aunque no lo creas, a veces todo lo que necesitamos para levantarnos el ánimo es poder hablar sobre lo que vivimos con alguien de confianza y en quien podamos encontrar una palabra de aliento, es decir, con esas personas que Dios ha puesto en nuestra vida y nos llenan de amor. Como dice uno de mis pasajes favoritos:

“Confiesen sus faltas unos a otros y oren unos por otros para que sean sanados…”, Santiago 5:16.

4. Ocupa tu mente. Más arriba, cuando menciono que la soledad no es buena consejera en tiempos de tristeza, lo digo porque nos lleva a pensar de continuo en eso que nos causa dolor. Por esa razón, sé intencional en ocupar tu mente con alguna actividad, la lectura de un buen libro, una buena serie en Netflix o cualquier otra cosa que te haga meditar en algo más que tu situación actual.

5. Escucha música. Pero eso sí, música de la buena. ¡Nada de escuchar canciones tristes!, sino de las que te invitan a bailar y hacen florecer lo mejor de ti. Música que te anime y no alimente la tristeza, como lo hacen esas canciones dedicadas a corazones afligidos. Créeme, practicar este tip es casi terapéutico.

“Dedicarle canciones al corazón afligido es como echarle vinagre a una herida o como andar desabrigado en un día de frío”, Proverbios 25:20.

6. Ejercítate. La actividad física siempre será buena en tiempos de tristeza porque te anima a dejar de lado el sedentarismo, mantiene tu mente ocupada y te ayuda a liberar endorfinas, hormonas que producen sensación de placer y felicidad. Y si te ejercitas al aire libre, ¡mejor aún!, porque te conectas con la naturaleza.

La excepción a la regla

Hay veces en las que Dios permite que nos sintamos tristes. Es a lo que yo llamo una especie de “tristeza con propósito”. Este tipo de tristeza busca transformarte para enrumbar tus pasos hacia un camino mejor.

“Y es que si la tristeza está en conformidad con la voluntad de Dios, produce un saludable cambio de actitud del que no hay que lamentarse…”, 2 Corintios 7:10.

Ante este tipo de tristeza, hay una excepción que aplica a los tips de arriba: abrir paso a la soledad si es Dios quien te hace la invitación.

Verás, la soledad es útil cuando es Dios quien te llama a ella. En estos casos, Él se vale de la soledad para estar contigo de una manera diferente, más cercana e íntima. ¿Por qué lo hace? Porque al echarte a morir por causa de un dolor del corazón, es más común de lo que crees buscar consuelo en la familia, en los amigos más íntimos, en el trabajo o en cualquier otra actividad que desempeñes y hasta en nosotras mismas al pretender que “no pasa nada y estamos bien” o, al contrario, querer solucionar nuestra situación por nuestras propias estrategias.

Pero, ¿qué pasa cuando todo falla? ¿Qué pasa cuando, quienes deberían estar para ti, no están?, cuando todos te dan la espalda… No, no es cuestión de “mala suerte” ni del universo ensañándose contra ti. Se trata de Dios mismo susurrándote que el consuelo que buscas no lo encontrarás en nadie más, solo en Él. Así es como Dios te llama a la soledad consigo y créeme, cosas maravillosas saldrán de ahí.

Sean cuales sean tus motivos de tristeza, ya sabes qué hacer para manejarte adecuadamente y no prolongar ese sentimiento en ti. Cuídate de hacer de esa emoción, un estado perenne.

#MujerInspírate

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