La paz, ¡qué divino es vivir en ella! Y no, no me refiero a esa que buscamos conquistar a punta de tener un techo propio, trabajo seguro, ingresos fijos, bienes asegurados ante cualquier incidente o un plan médico por si la enfermedad llega… En fin, “la vida resuelta”, como muchos dicen.

Es cierto que nada de eso está demás, pero –al fin y al cabo– eso no es paz; más bien es seguridad y si piensas un poco en ello, tampoco es tan certera como pinta, pues basta con que suceda algún imprevisto que se escape de nuestro pseudo control para perderlo todo.

Hoy quiero hablarte de otro tipo de paz, una en la que tu mente y corazón no se castigan mutuamente; esa que permanece aún en los peores escenarios de tu vida y te mantiene serena cuando todo se va a pique.

Ese tipo de paz es un tesoro personal que a menudo solemos poner en riesgo. Lo hacemos cuando dejamos que el ego se nos cuele por las costuras para tomar el control de nuestra vida. ¿Qué cómo lo hace?, cuando nos resistimos a perdonar, a aceptar que nos equivocamos, a corregir nuestros errores, a pedir perdón cuando es necesario hacerlo y a acercarnos a Dios al saber que nos hace falta… ¡puro ego en su máxima expresión!

Estos son algunos principios que me han ayudado a cuidar de mi paz personal y hoy los comparto contigo para que corrobores por ti misma el bien que pueden hacerte.

Para vivir en paz…

1. Sé siempre honesta, aún en esos momentos cuando sientas que decir la verdad te jugará en contra.

La verdad nunca avergüenza.

2. No le busques explicaciones a todo lo que pasa o deja de ocurrir. Mejor ocúpate en tenerle un poquito más de fe a Dios para que puedas aceptar y soltar las cosas que se escapan de tu entendimiento con el fin de avanzar.

No busques razones, busca lecciones porque hay respuestas que nunca llegarán y aun así deberás arreglártelas para seguir adelante.

3. Da siempre lo mejor de ti. Si al final las cosas no salen como esperabas, te queda la satisfacción de saber que no fue por tu causa, pues hiciste tu mejor esfuerzo.

4. Nunca discutas por demostrar que tienes la razón, eso solo daña las relaciones y quienes lo hacen es porque sienten que tienen algo que probar.

Ser pronta para aplacar cualquier disputa con el fin de preservar la paz también es una forma de amar.

5. Siéntete libre de drenar tus emociones. Pretender que no duele no hará que duela menos ni pretender que eres fuerte te hará menos vulnerable.

6. No hagas tuyos los procesos de otros. Ten cuidado con eso de querer “ser más buena que Dios” con los demás, ya que podrías acabar hecha pedazos en un esfuerzo sobrehumano por mantener a los demás completos.

Por más que lo intentes, no puedes ayudar a alguien que primero no esté dispuesto a ayudarse a sí mismo.

7. Asume las consecuencias de tus errores con humildad. Parte de rectificar es asumir el daño colateral de tus peores decisiones con la mejor actitud.

8. Apuesta siempre al bien. Si te equivocas con respecto a alguien, que sea por pensar lo mejor y no lo peor de esa persona. Igual dolerá, pero de esa forma tu corazón no se condena.

9. No hagas nada que tu consciencia repruebe. Es simple, se trata de no tomar decisiones con base en inseguridades.

10. Haz de Dios, tu centro. Cederle el timón de tu vida a Dios es mejor y más satisfactorio que tomarlo en cuenta solo para que te tienda la mano en casos de emergencia. Créeme, los pasos son acertados cuando Él guía.

Solo en Dios encuentras la clase de paz que guarda tus pensamientos y corazón a la vez.

¿Algún otro principio que agregarías a esta lista?, no dejes de compartirlo.

#MujerInspírate

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