Algunas nos acostumbramos a responder muchas de nuestras interrogantes con un simple “no sé”, pero ¿cuál es la razón? Más allá de ser un gesto de sinceridad, la sociedad aprueba el significado de esta expresión, pero deja al vacío –por parte de quien la emite– todo intento por conocer que hay detrás de ella. Sin embargo, hay cosas que sí sabes y otras que no detrás de cada “no sé” que respondes.

Estas son las cosas que sí sabes, de forma consciente, al emitir una respuesta:

La verdad de lo que quieres y lo que no. Este es uno de los pensamientos que más se acostumbran a silenciar por diferente razones: miedo, vergüenza, duda o porque simplemente no queremos quedar mal frente a los demás.

La postura del acuerdo y desacuerdo. Somos frecuentes en esta postura, incluso hasta en los gestos al aprobar y desaprobar lo que hacemos o si lo hacen los demás.

Lo que sientes por dentro. A veces puedes confundirlo con una emoción, pero no; es cuestión de discernimiento e instinto.

Solo tú tendrás la facultad para reconocer si realmente estás bien o mal, o si vas o no por buen camino cuando encuentres la respuesta que emana de tu interior.

Tus actitudes benignas y aquellas que necesitan ser transformadas. Sabes que reconocer la naturaleza de tu condición te guía hacia la madurez emocional con pasos sólidos.

Por ejemplo, rectificar las mentiras, la apariencia, la ira, las ofensas y el nivel de irritabilidad tiende a mejorar tu relación con otros.

Hacia dónde vas. Sí. Aunque no lo creas, eso también lo sabes, aun cuando te encuentras en medio del error. ¿Sabes por qué?, porque cada quien apunta el tiempo y decide el camino que quiere transitar en el presente.

Por otra parte, estas son algunas de las cosas que pasan cuando crees que “te las sabes todas” pero, en realidad, no es así:

Endureces tu corazón. Te niegas tanto a aceptar la realidad que difícilmente escuchas a la razón; de allí surgen las respuestas incongruentes.

La insensibilidad te arropa. El egoísmo le cierra las puertas al consejo y a la sabiduría, así que pensar con prudencia o con empatía te resulta indiferente.

Crees tener siempre la razón. Es impresionante cómo el ego interrumpe el crecimiento que nos da el relacionarnos con los demás. Esta actitud muchas veces es intolerable y quién no la ve, termina cayendo en obstinación y aislándose de los amigos.

Quieres abarcar todo. La sobrecarga nunca tiene un final con creces; al contrario, te lleva a perder el rumbo porque cansa, aglutina y no culmina.

Por favor, suelta la autosuficiencia y disponte a delegar. ¿Sabes?, todos podemos mostrar un talento y ser más útiles en equipo.

Dejas de nutrirte. Cultivar la mente con información que nutre el ser y fortalece tu espíritu te aleja del error y de la ignorancia; además, te enseñará a leerte, observarte y crear una autoimagen más confiable y ligera.

Deseo que una vez que te identifiques, puedas derrumbar esas estructuras mentales que te mantienen en conflicto con los demás y comiences a conquistar una percepción más clara y alentadora de ver tu realidad, siempre desde la transparencia y certeza de lo que sabes.

La vida es más sencilla de lo que pensamos, así que dispongámonos a escuchar y busquemos más ser sabias, ya que la inteligencia, por sí sola, no basta.

#MujerInspírate

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