Quizás has notado un patrón en tus relaciones amorosas y es que, tarde o temprano, la codependencia emocional se hace presente. Una vez reconocido el problema, anhelas romper con ese círculo vicioso en tu vida, pero no sabes cómo hacerlo.

El primer problema está en que solemos asociar la dependencia y codependencia emocional con un problema externo que se manifiesta en nuestra relación sentimental, cuando su raíz está en el corazón de las personas –sea en el tuyo, en el de tu pareja o en el de ambos–. Por eso, la historia siempre se repite.

Para empezar, debemos tener clara la diferencia entre ambos términos.

La dependencia emocional se basa en “las necesidades emocionales insatisfechas que se intentan cubrir de una forma desadaptativa con otras personas” (Castelló, 2000). En cambio, la codependencia emocional entra en juego cuando se desarrolla una adicción a ese apego desmedido que alguien más manifiesta.

En términos más simples, este patrón se hace presente en una relación amorosa cuando la felicidad de uno de los dos depende del otro –este es el dependiente emocional–; mientras que la otra parte –el codependiente– se olvida de sí mismo en su afán de ayudarle en su bienestar y suplir sus necesidades.

Se trata de una condición nociva y contraproducente para cualquier relación, volviéndola tóxica.

Actitudes comunes en la pareja ante este tipo de apego tóxico

  • Se dejan llevar por sus sentimientos y emociones, no por lo más lógico o racional. En el fondo, saben que algo anda mal con ellos o con la relación, pero no hacen nada para cambiarlo.
  • De manera inconsciente, tienden a ser controladores, manipuladores u obsesivos. Muchas veces se valen del chantaje emocional, de la culpa y de los miedos del otro para controlar el comportamiento de su pareja.
  • Tienen problemas de autoestima. Por lo general, tienen una concepción negativa de sí mismos, falta de confianza o algún complejo de inferioridad que buscan reflejar para inspirar lástima o necesidad. Esto responde a los mismos vacíos que sienten en el interior de sí mismos y por eso necesitan una constante aprobación o reconocimiento de su pareja.
  • Desarrollan un sentido exagerado de responsabilidad por el otro, al punto de olvidarse de sí mismos. Creen que los sentimientos del otro son su responsabilidad y se enfocan en dar lo mejor de sí, incluso, hasta de lo que no tienen para sí mismos; todo por mantener la relación a flote. Esto nos lleva al siguiente punto:
  • Se victimizan cuando no se reconocen los esfuerzos que hacen en la relación. Se sienten heridos, maltratados o traicionados al no obtener la reacción que esperaban de su pareja, ya que sus esfuerzos no responden a un amor genuino, sino a suplir su necesidad de aprobación.

No te confundas, la dependencia y la codependencia emocional NO son amor.

La mayoría de las mujeres que batallan con este patrón en sus relaciones optan por autoengañarse al defender a capa y espada que sienten amor genuino, pues todo lo hacen “por el bien del otro –aunque mal paguen–”. Así es como acaban heridas.

El verdadero amor no busca lo suyo ya que hace las cosas desde un deseo puro y genuino. En otras palabras, siembra sin esperar recoger algo a cambio y aquí es donde la codependencia emocional te vende la mayor mentira: hacerte creer que sientes amor cuando la intención real de todo ese esfuerzo sobrehumano por ser la mejor para tu pareja es garantizar que te amen de vuelta.

Por eso te culpas y cuestionas qué hay de mal en ti cuando todo acaba. Sientes que no eres suficiente o “indigna de amar”, sin comprender que lo único que necesitas es dejar de buscar saciar tu necesidad en otras personas.

Entonces, ¿cómo puedo ser libre de la dependencia y codependencia emocional?

Lo primero es reconocer la carencia de tu corazón y lo más importante: ser intencional en atenderla. Como mencioné más arriba: de nada sirve saber que algo anda mal contigo o en tu relación si no haces nada por cambiar ese hecho. Así que ¡deja a un lado las excusas!, pues solo tú eres responsable de cuidar tu corazón.

Sí, tendrás que tomar decisiones dolorosas o aterradoras, pero eso es parte fundamental del crecimiento y de la madurez emocional que implica sanar; esto es dejar de moverte por lo que sientes para empezar a actuar conforme a lo que necesitas.

Ahora, apliquemos la lógica: si la dependencia emocional se basa en suplir necesidades emocionales en otras personas; entonces, mientras aprendes a llenar esos vacíos, sé sabia y evita involucrarte sentimentalmente con hombres ya que esto te distrae de lo que tienes que trabajar en ti.

Si no dejas de hacerlo, seguirás cayendo en lo mismo y no es el tiempo de relaciones, es el tiempo de encontrar tu plenitud.

¿Cómo llenas tus vacíos? Yendo al experto en reparar corazones y enderezar vidas, ese es Dios. Solo Él puede sanar cada carencia emocional que te ha traído hasta donde estás hoy. Lo hará cuando te dejes abrazar por el amor que siente por ti; por eso tienes que buscarle y eso es algo que solo tú puedes decidir.

Ya es tiempo de hacer las paces contigo misma para conocer tu valor real y lo único que necesitas para lograrlo no es el afecto de un hombre, sino el perfecto amor de Dios.

Por eso, querida lectora, necesitas ser valiente… Así como te las jugaste todas por cada chico con el que no funcionó, necesitas apostarlo todo por ti; pero esta vez invertir y perseverar en ese amor que no defrauda. Si logras ser persistente, verás que encontrarás la plenitud que siempre has anhelado. Entonces, estarás lista para amar sin ataduras.

#MujerInspírate

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