Nuestro propósito en esta serie de artículos es mostrar algunos episodios de la historia bíblica que ilustran cómo el proceso de deterioro en la relación de los hombres con las mujeres se inicia tan temprano en la historia humana.

Cuando el hombre cambia el nombre de su mujer a Eva, confina notablemente su rol al de ser la madre de los hijos. Estos obviamente vienen como resultado de la relación sexual que él le impondrá en adelante, tal cual Dios lo advirtió. Sin embargo, esta imposición se configura dentro del señorío que el hombre mismo se ha propuesto ejercer después de la caída.

La dominación del hombre en el entorno del hogar y el sometimiento de ella a su deseo sexual se muestra en forma dramática en el relato bíblico de Ada y Zila. Lamec toma a ambas como sus mujeres (Génesis 4:17-24), desafiando el diseño de una mujer y un hombre. No nos describe la Biblia cómo Lamec las convierte en sus esposas y por qué se arroga el derecho de tener dos mujeres, lo que sí nos revela es la violencia con que conduce su relación con ellas.

Según algunos estudiosos, Lamec ya había matado a las personas que menciona en su discurso, aunque en la versión que nos llega en español parece entenderse que describe un hecho futuro. Lo que hay que notar es que comienza sus palabras diciendo: “Ada y Zila, oigan mi voz, mujeres de Lamec, escuchen mi dicho”. Primero, nos deja claro que son sus mujeres, su propiedad. En segundo lugar, nos tenemos que preguntar a qué viene el que les informe que ha matado –o que matará, para satisfacer la variedad textual– a dos personas. Siempre he tenido la idea de que el discurso subyacente es: “Ya pueden imaginarse lo que les pasará a ustedes si no se comportan según mis deseos”.

La dominación en la relación sexual y la violencia física en contra de la mujer son tal vez la peor expresión de todos los males que ha traído consigo el quiebre del diseño original de Dios para el hombre y la mujer.

La ruptura del sentido de ese diseño en el seno de las familias explica, en su mayor parte, la destrucción de todo principio de convivencia entre personas, grupos sociales, razas y naciones. Por supuesto, hay otros factores que envenenan la vida colectiva, pero es evidente que el machismo y la violencia contra la mujer están en el tejido y la trama del mal social.

Escrito por Benjamín Parra. Publicista, chileno (1953). Contribuye habitualmente con el blog de Opinión de CVCLAVOZ.

[email protected]

No te pierdas el próximo sábado nuestro radio show por cvclavoz.com (9:00 a.m. hora Miami), donde Benjamín Parra estará nuevamente como invitado especial  para ahondar en el tema.

#MujerInspírate

¿Que Opinas?

Comentarios