En una generación donde ir a un terapeuta es cada vez más común, como psicóloga debo confesar que a menudo me encuentro pensando: “todo lo que este niño necesita es amor”. Y es que para vivir en una era tecnológica, caracterizada por la conectividad, estamos dejando de lado el poder del amor y la conexión emocional. Por esa razón quise escribir este artículo para reconectar con ese ser puro e instintivo que implica ser mamá y recordarte lo que tus hijos nunca olvidarán de ti.

Las madres suelen ser símbolo del amor puro e incondicional. Al nacer, como bebés aún no hemos desarrollado un sistema de lenguaje comprensible para otros, pero si le preguntas a mamá, seguro podrá diferenciar un llanto producto del dolor de un llanto que busca llamar la atención, ¿o no?

En la infancia, las mamás nos enseñan a confiar en el mundo que nos rodea al promover en nosotros un sentimiento de curiosidad sano. Lo hacen al darnos alas para explorar nuestros alrededores con la confianza de que mamá siempre estará allí si algo sale mal.

Conforme pasan los años de la infancia, entramos en la edad escolar. Los retos siguen presentes para los hijos y las madres están ahí para darles ánimo mientras se embarcan en la tarea de aprender a escribir y contar. ¡Las mamás son eternas porristas! Repiten las tablas de multiplicar las veces que sean necesarias y te ayudan a superar miedos que ni sabías que tendrías.

En paralelo, una mamá descubre que a su pequeño(a) le gusta jugar con otros niños, pero ellos no siempre hacen lo que su hijo(a) quiere; así que allí está para enseñarle prácticas sociales como el respeto al otro, la cooperación, la comunicación, el trabajo en equipo, entre otras habilidades.

Llega la adolescencia y, por ley de vida, comenzamos a buscar nuestra propia identidad. Para las mamás esta es una etapa dura porque se esfuerzan constantemente en mantener el balance entre respetar nuestra intimidad y protegernos del mundo.

En este punto, para los hijos las lecciones son infinitas. Las enseñanzas van desde aprender a valerte por ti misma en casa hasta descubrir tu propio valor como persona.

En la adultez, muchas veces tu madre se convierte en tu mejor amiga porque te conoce mejor que nadie y es cuando finalmente entendemos que hemos llegado a ser las personas que somos gracias a su instrucción, sacrificio y entrega.

Quizás tus experiencias con tu madre te hayan enseñado algo diferente a lo que planteo. Si es así, lamento en mi corazón si sus enseñanzas te han llevado a desconfiar del mundo y anhelo que puedas sanar el dolor que sientes en ti al entender que, así como tú, ella también es humana. Esto es sumamente importante  porque, a veces, ese dolor es el que te impide conectar con tus propios hijos en el presente. Si este es tu caso, recuerda que no estás sola. En Mujer Inspírate y Tu Terapeuta Online estamos contigo para ayudarte.

En el orden de darle lo mejor a nuestros hijos, necesitamos sanar nuestras emociones para no reproducir en ellos lo que a nosotras nos faltó.

El llamado es a no dejarnos llevar por los modelos y las tendencias del hoy para ser esas madres aguerridas que continúan estableciendo puentes firmes arraigados en amor. Ese es el mayor legado que podrás dejarle a tu hijo(a) cuando ya no estés: lo que nunca olvidará que aprendió de ti.

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