Amar es una decisión personal que se renueva día a día. Parece simple, ¿no? Entonces, ¿por qué a veces resulta tan complicado? El problema en sí radica en cómo estamos llevando nuestra relación.

Verás, el compromiso de amar debe ser estrictamente cultivado por ambas partes si deseamos que nuestra relación crezca sana y se fortalezca, de lo contrario, lo mejor será apelar a la honestidad y replantearse el futuro como pareja. De lo contrario, estaremos desgastándonos en un vano esfuerzo de mantener a flote lo insostenible.

A fin de cuidar nuestra salud emocional, reconocer cuándo una relación camina a paso firme y tomar decisiones sabias al respecto, hemos decidido enumerar para ti una serie de hábitos que practican las parejas felices:

Se muestran tal y como son. En una relación sana, ninguna de las partes busca guardar apariencias o esforzarse por cumplir falsas expectativas del otro, más bien se muestran como son porque entienden que el amor no es sinónimo de perfección, y por ende, se aceptan con sus defectos y virtudes.

Se escogen cada día por amor. El amor es el compromiso que les une, no la presión social, el «qué dirán», la familia, los amigos, el interés socio-económico ni el simple deseo de estar acompañados. El amor que siente el uno por el otro es el vínculo perfecto que les mantiene unidos aún en los momentos difíciles.

Se respetan. Entienden que, sin importar las circunstancias, el respeto es una línea que no debe ser traspasada, puesto que cuando se pierde, difícilmente se recupera. En este orden, entienden que la mejor manera de cultivar el respeto no es solo brindarlo, sino actuar de forma tal que seamos digno de recibirlo.

Se comunican sin tapujos. Acostumbran a hablar de todo, y no solo de aquello que les interesa o les hace felices. Entienden que hablar de los sentimientos negativos arraigados en el alma –producto de palabras o actos–, y ser honestos es el principal paso para liberar esas emociones nocivas que, de no hacerlo, pudiesen contaminar su ser y la relación.

Se apoyan en lo cambios y procesos. En este punto, el juicio y el fatídico «te lo dije» quedan rezagados. Más bien cada parte funge como apoyo del otro en momentos de cambios y procesos, a fin de sacar lo mejor de cada quien en momentos difíciles.

Practican el perdón como estilo de vida. Sin importar cuán duro o hiriente pudo haber sido la discusión, ambos entienden que toda pareja tiene sus altibajos, pero deciden que el amor que los une es mayor a estos, y por esa razón, renuncian al orgullo y se apresuran a practicar el perdón por el bien común y propio.

Apartan tiempo para ambos. Más allá de las responsabilidades diarias que amerita el trabajo, los estudios, el negocio, la paternidad… no dan por sentando la importancia de apartar un momento para ambos a fin de tener tiempo de calidad.

Mantienen a Dios en el centro. Una pareja sabe hacerse feliz porque el principal motor que les mueve es el amor de Dios. El amor y temor de Dios los lleva a cuidarse, a anteponer el bienestar del uno por el otro y a asumir los errores y fallas de cada cual, a fin de brindarse siempre el trato y valor que cada cual merece y del cual Dios mismo los ha hecho merecedores. ¡Eso es amor!

#MujerInspírate

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