No, no se requiere llevar una capa ni contar con súperpoderes. Para ser una mujer de esas que transforman su entorno, marcan la diferencia e impactan vidas, solo necesitas seguir estos sencillos preceptos:

1. Contra todo pronóstico, ¡alégrate!

Deja de subestimar el presente. El futuro es demasiado incierto como para andar por la vida supeditando tu felicidad a lo que deseas ser o tener, así que ¡empieza a saborear el ahora! Quita la mirada de lo que aún no es y dile adiós al descontento. La mejor actitud que puedes adoptar es la gratitud y el regocijo por lo que Dios te ha permitido disfrutar hasta hoy.

La vida podrá enseñarte que la felicidad radica en «tener más», pero como diría mi padre, «próspero no es quien más tiene, sino quien menos necesita».

«Sea el carácter de ustedes sin avaricia, contentos con lo que tienen, porque El mismo ha dicho: “Nunca te dejaré ni te desampararé”», Hebreos 13:5 (NBLH).

2. Suelta el pasado

Lo que pasó, déjalo atrás y elimina el «qué hubiese sido si…» de tu boca; más bien abraza las enseñanzas que cada experiencia te dejó –por más dolorosa o traumática que haya sido–, y que contribuyó a formar tu carácter actual.

«…lo que sí hago es olvidarme de lo que queda atrás y esforzarme por alcanzar lo que está delante, para llegar a la meta y ganar el premio celestial que Dios nos llama a recibir por medio de Cristo Jesús», Filipenses 3:13-14 (DHH).

3. Sé visionaria

La ambición te lleva en pos de las riquezas, poder y fama. En cambio, la visión te ayuda a permanecer incondicionalmente fiel a tu pasión.

«Pero los que viven con la ambición de hacerse ricos caen en tentación y quedan atrapados por muchos deseos necios y dañinos que los hunden en la ruina y la destrucción», 1 Timoteo 6:9 (NTV).

Una mujer visionaria tiene sus pies cimentados en lo que ama, en la certidumbre de lo que cree y en la veracidad de su destino, sea con o sin riquezas, poder o aplausos de por medio.

4. Renueva tu mente

Cambia tu mentalidad y no te hagas cómplice de lo que la sociedad categoriza como «lo normal». Recuerda que vives en mundo social y moralmente distorsionado, así que ten cuidado con la búsqueda de aprobación. Tu identidad y conducta no han sido establecidas por estándares sociales –aunque te intenten convencer de lo contrario–. Quizás algo se haya vuelto común, pero eso no significa que esté bien.

«No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta», Romanos 12:2 (NVI).

5. Acéptate tal y como eres

Sé auténtica. No insistas en encajar en otros patrones cuando eres la única versión de ti que existe. No olvides que fuiste creada de forma única, a imagen y semejanza de la perfección misma.

«Fue así como Dios creó al ser humano tal y como es Dios. Lo creó a su semejanza. Creó al hombre y a la mujer», Génesis 1:27 (TLA).

¿Y qué hay de mis defectos y luchas?, –te preguntarás–; resulta que de estos emanará tu mayor belleza, pues representan la materia prima de Dios para trabajarte y acercarte a Él. Por esto y más, es tiempo de empezar a amarte y dejar de lado las críticas autodestructivas.

«Cada vez él me dijo: “Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad”. Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí», 2 Corintios 12:9 (NTV).

6. Mantente íntegra

No toleres ni des pie a influencias corruptas en tu vida –por más justificables que parezcan–. Esto aplica a tus pensamientos, emociones y cuerpo. No olvides que el fin NUNCA justificará los medios.

«Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio», Filipenses 4:8 (NVI).

7. Encuentra el balance

Estás en la perfecta capacidad de desarrollar varias cosas a la vez, pero para que eso resulte es necesario que tengas tus prioridades bien establecidas. Una mujer diligente sabe equilibrar los diversos roles que desempeña en la balanza de lo que Dios ha establecido como prioritario.

«Cuando habla, sus palabras son sabias, y da órdenes con bondad. Está atenta a todo lo que ocurre en su hogar, y no sufre las consecuencias de la pereza. Sus hijos se levantan y la bendicen. Su marido la alaba: “Hay muchas mujeres virtuosas y capaces en el mundo, ¡pero tú las superas a todas!”», Proverbios 31:26-29 (NTV).

8. Deja que la excelencia te defina

Haz de la excelencia tu sello personal, no importa en qué te desempeñes. Quizás te topes con personas que no lo valoren, pero Dios tiene presente tu esfuerzo, y créeme, Él no lo pasará por alto.

«Y todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no como para la gente», Colosenses 3:23 (RVC).

9. Despójate de la autosuficiencia

Rompe con la independencia en tu vida. Dios desea que descanses y confíes ciegamente en Él; aun cuando todo parezca carecer de sentido, Él ha prometido cuidar de ti. En cambio, la autosuficiencia solo te llevará a excluir a Dios de la ecuación por medio de la soberbia y el orgullo.

«Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte». Proverbios 16:25 (NVI).

10. Permite que Dios timonee tu barco

¿Deseas una vida sin lugar a margen de errores?, entonces empieza a tomar a Dios como algo más que un botiquín de primeros auxilios. No importa el rumbo que traces, si le abres a Dios las puertas de tu corazón, Él siempre dirigirá tus pasos por la senda correcta.

«Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo». Jeremías 29:11 (DHH).

#MujerInspírate

 

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