Nada más placentero y menos abrumador para nosotras, las mujeres, que un hombre nos invite a salir en son de amigos, sin ninguna pretensión más allá de comer un helado o ver la película de estreno.

Con esto, propongo darle la importancia al maravilloso derecho que tenemos de ser amigas del sexo opuesto; esa posibilidad de fundar confianza e intimidad sin que ello implique un compromiso sentimental o sexual, con la claridad para entender, de parte y parte, que existen encuentros que están a metros de ser citas comprometedoras y romanticonas.

Es aquí donde posiblemente pueda tocar fibras y generar más de una reacción, pues, hablo de la admisible zona de amigos –también denominada ‘friendzone’– que, en lo personal, la concibo sana y necesaria para establecer límites en aquellas relaciones entre dos personas, donde una tiende a enamorarse y la otra, no.

Sin embargo, por sereno que parezca, la ‘friendzone’ no es precisamente el lugar en el que se quiere estar con la persona que te atrae. Por eso el punto es demarcar límites.

Es preciso y sano entender en qué posición se está jugando dentro de la cancha; es decir, conocer las intenciones del lado opuesto, comprendiendo siempre qué tan asimétricas, desbalanceadas y ciertamente ajenas pueden ser respecto a las de uno.

También es importante no cegarse ante una realidad que evidencia cómo una de las partes manda a la otra por un “volado” y, ante la imposibilidad u obstinación de retirarse sanamente, opta por el padecimiento lento y la “tusa”, despecho o decepción amorosa a cuenta gotas que produce el rechazo.

Yo soy de las que cree fielmente en que sí es posible tener amigos y, desde una mirada optimista, le apuesto a las relaciones de amistad genuina entre hombres y mujeres.

Sí, relaciones de amistad. Aquí no hablo de novios, esposos o amantes, mucho menos de amigos “con derecho”, pues, creo en los vínculos desinteresados, en los lazos afectivos y genuinos que se forjan y prosperan alejados de las sábanas, y en la amistad sin celos intencionados, sin ambigüedades, ni nudos en la garganta.

Creo en los amigos que no exigen propina, en aquellas relaciones alejadas de la obstinación por coquetear, por seducir y por jugar a insistir.

Le apuesto a las relaciones afines sin celos perturbadores ni camisas de fuerza; amistades libres de tóxicos y de esa chatarra inservible que se percibe cuando el amor ya no puede más, la que produce el hastío y la desesperanza.

Creo en los amigos que no ven a su compañero como objetivo, como carnada.

Creo en las relaciones generosas, desprendidas de vicios y prejuicios mentales.

Creo que es posible que las mujeres caminemos con un hombre heterosexual para arriba y para abajo sin la necesidad de tener que ir a la cama con él todas las noches.

Mi opinión está muy alejada de generar polémica o marcar paradigmas, pero reconozco que hay situaciones en las que, en una relación de amistad, se asoma esa etiqueta que indica que es hora de tocar el timbre en otra puerta dado que una de las partes se ha involucrado más de la cuenta, emocionalmente hablando.

Ahora, ¿cómo detectar las señales de advertencia y no morir ante la desesperanza y el agobio? ¿Cómo aceptarlo y no quedar en el asombro por estar navegando en una orilla opuesta?

  1. Presta atención al lenguaje que la otra persona utiliza. Está claro que tanto el amor como el deseo tienen un lenguaje propio que resulta inconfundible.
  2. Retírate a tiempo. Hacerlo es lo más adecuado para no seguir alimentando un sentimiento que solo te llevará a caer en el abatimiento.
  3. No te hagas ilusiones. Esto es no poner velos ante la realidad.
  4. Ten claro que hay hombres y mujeres completamente sinceros desde el principio. Si ella o él manifiestan en el momento no estar interesados en salir con nadie, entonces lo mejor es hacer caso y no esperar a que algo más suceda.

Cierro de la manera en que lo hago en la mayoría de mis artículos, admirando y enalteciendo las situaciones.

¡Qué vivan los amigos confidentes!, aquellos que caminan de la mano sin pudor y alejados del delirio por querer alcanzar estrellas en cielos ajenos.

Escrito por Diana Mile Saldarriaga, síguela en su cuenta Instagram.

#MujerInspírate

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