¿Sabías que –aunque no lo parezca o no lo sientas así– sigues siendo la misma aún en los momentos de dificultad? Sí, puede que te sientas triste, decepcionada, frustrada, desanimada o molesta, pero tu conocimiento sobre tus valores y fortaleza están presentes, tal vez un poco consternados, pero allí permanecen.

Tales emociones negativas no son usuales en ti. No son tu preferencia porque no se comulga con tu verdadera esencia. Más bien se trata del producto de una presión constante que ejerce en ti una situación crítica.

Ahora bien, lo primero en entender es que no estamos exentas de atravesar por crisis, esas situaciones donde la fe y nuestra entereza son puestas a prueba. Todos, absolutamente todos experimentamos esos episodios al menos una vez a lo largo de nuestra vida.

En este punto, tal vez me digas algo como: “eso ya lo sé. También sé que durante el proceso encuentro el mejor de los aprendizajes, pero ¡cómo me duele!, ¡cómo me sofoca y me remueve hasta romperme! ¡Ya no lo soporto!”.

Si es así, créeme; te comprendo… Es justo así cómo se siente.

Una vez más, debes tener en cuenta que esto también pasará porque ninguna tormenta dura para siempre. Por eso hoy quiero brindarte cinco herramientas poderosas que te ayudarán a asumir el doloroso proceso que implica toda crisis, pero con la actitud correcta para no desfallecer en medio del esfuerzo que haces diariamente por salir a flote.

No te alejes ni eludas la situación, mejor enfrenta el momento

La crisis trae consigo pensamientos de devastación que son necesarios resistir. Si los aceptas y los consumes al permitir que tu ánimo los evidencie, entrarás en consecuentes estancamientos que retardarán la salida de esa situación que vives. Tales estancamientos nublarán tu sano juicio ya que te mantendrán sumergida en una actitud sufrida que no te dejará ver las oportunidades para ver el panorama y accionar de manera favorable ante el entorno.

No caigas en pánico ni te horrorices

Cuando posees luz en tu interior, es necesario buscar la serenidad en un tiempo a solas. La soledad no es tan deprimente como la pintan; bien canalizada es útil para respirar y esclarecer la mente.

En este orden, te sugiero que cambies de ambiente para oxigenar e hidratar el corazón. Lo puedes conseguir al optar por una buena lectura, buscar un buen consejo, escuchar música que te inspire, tomar una taza de café o té ante un fresco atardecer y/o hacer una sencilla oración al amanecer.

Persiste, resiste y no desistas

Sí, hay momentos en que las olas arrecian, pero hay otros tantos en los que baja la marea…

Persiste los días malos haciendo el bien. No es suficiente con quererlo, pues, tenemos la habilidad de activar la lucidez de la conciencia y nutrir el espíritu con confianza para salir de la frustración y actuar. Hacerlo depende solo de ti y por eso la importancia de la actitud que asumas en medio de la crisis.

Si te sientes agotada, ¡no desistas! Tan solo permítete detenerte por un instante para callar ante el ruido y dejar de presionar lo que no está dado. De esta manera, irás soltando la ansiedad que trae agitadas y variantes preocupaciones para ocupar y fijar tu mirada en lo que tienes por delante.

Acciona

Paralizarse no es una opción, así que ¡haz algo! Aún si te equivocas, no definas el tropiezo; define la lección aprendida mientras avanzas pero no dejes de actuar. Llénate de valor y trabaja con energía, amor e intención aún en contracorriente. Nunca te conformes ni te acostumbres a vivir con la adversidad. Visualiza la oportunidad, el nuevo camino que se abre, el aprendizaje alcanzado y emprende con lo que tienes, sin importar cuán poco sea; solo asegúrate de usarlo con sabiduría y de dar pasos hacia dónde quieres llegar.

Agradece

En todo tiempo sé agradecida por lo que tienes y lo que no; también por lo que recibes y aún no llega. Hacerlo te recordará quien eres, de dónde vienes, la capacidad que tienes para levantarte y cómo salir de la dificultad.

Por último, recuerda: “el éxito, no es lo que haces, es lo que tú eres”. Vincent Roazzi.

#MujerInspírate

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