Te hablo a ti, a la de los mil complejos. A esa que se mira en el espejo y se critica más que amarse. A esa que libra una batalla campal contra sus miedos para darse permiso de vivir así, sin tanto rollo… Te hablo a ti, a esa que aparenta ser feliz para no dejar en evidencia lo rota que se siente. Le hablo a esa que constantemente se pregunta si alguna vez alguien la amará como sueña –como cree que es el amor genuino– o si esa idea no es más que una utopía.

A veces piensas que tu vida es un melodrama, lo sé. Te preguntas cómo alguien que lo tiene todo, puede ser tan infeliz. Pero créeme, no es tan malo como parece.

La tormenta siempre se ve más grande cuando la lluvia es por dentro.

Sé cuánto has sufrido y el daño que te han hecho, pero –contrario a lo que crees– no todo lo que vives pretende recordarte cuán vulnerable eres. Cada circunstancia más bien te habla de una urgente necesidad de hacer las paces contigo, solo que aún no logras descifrarlo y por eso repites los mismos errores de siempre. Aunque me cueste admitirlo, eres tan joven como inmadura y el crecimiento duele; pero hay algo que sucederá más pronto que tarde…

La vida misma te hará entender que nada de lo que has vivido está destinado a destruirte, sino a demostrarte cuán fuerte y maravillosa eres. Cuando eso pase, renacerás de tus cenizas.

Sí, todo va a estar bien para ti y sí, vivirás todo lo que siempre has soñado.

Quisiera estar ahí para susurrarte al oído esta verdad cada vez que la inseguridad te agobie y el temor te impida dar esos pasos que parecen imposibles, pero no puedo regresar al pasado para hacerte las cosas más fáciles o digeribles. Lo que sí puedo hacer en esta carta es plasmar algunas cosas que deberás recordarte a diario para mantenerte fiel a ti, sin importar la edad que tengas. Así, cuando vuelvas a leerla, tal vez seas tú –la del pasado– quien termine hablándome (a mí, a la del presente).

Suelta tus miedos. Deja de sufrir por adelantado y disfruta lo que cada momento te ofrece porque todos tus miedos son injustificados.

No temas alzar la voz para darte tu lugar. Háblale claro a ese chico, a ese que alimenta tus inseguridades para mantenerte dependiente de él; a quien te hace creer que no puedes aspirar a algo mejor; a quien te utiliza a su antojo en nombre del “amor”…

Sí. Un día los desplantes serán tantos que le dirás adiós para siempre, pero no te tardes tanto. Piensa menos en lo que perderás –porque no eres tú quien pierde– y enfócate en el camino que te abres al cerrar esa puerta.

Mientras más te aferres a lo que te daña y aplaces su inevitable fin, más te costará sanar y más tiempo pasará para que llegue la persona indicada a tu vida. (Porque créeme, llegará).

Aunque no te sientas capaz o digna de algo, nunca te conformes con menos ni te limites. Cuando descubras el valor que encierras, entenderás que era Dios mismo guiando tus pasos.

Cuando mires atrás, que sea solo para ver tu progreso. No dejes que tu pasado te agobie porque llegará el día que mirarás hacia atrás y ya no será para lamentarte, sino para darte cuenta de cuánto has progresado y entender que ya no eres la misma de antes; entonces te alegrarás de no haberte dado por vencido cuando esa parecía tu única opción. Eso es todo lo que necesitarás para recobrar las fuerzas y seguir adelante.

Despídete de los complejos. No le des tanta importancia a ese vientre pronunciado que te cohíbe de ponerte ese vestido entallado y anímate a lucir ese bikini aún a la luz de tus estrías, porque –por más que te prometas ejercitarte o hacer dieta– nunca tendrás un cuerpo más perfecto que el que tienes justo ahora.

Considera mejor las decisiones que tomas. No decidas con base en tus inseguridades, porque acabarás dejando pasar oportunidades únicas y valiosas.

¡Baila con libertad! Quizás no seas la mejor haciéndolo, pero es una de las cosas que mejor te hace sentir y créeme, nadie estará pendiente de tu desempeño.

Ríete más de ti. Permítete hacer el ridículo de vez en cuando para dejar ese ideal de perfeccionismo –que tanto daño te hace– de lado.

Eres perfectamente imperfecta.

Por último, deja de buscar la solución a tus problemas ahí afuera, porque todo lo que necesitas arreglar lo identificarás al mirar dentro de ti. Quizás te parezca imposible, pero hoy puedo asegurarte que tras mucho buscar, un día te mirarás al espejo y entenderás dos cosas: que tú eres la única persona responsable de hacerte feliz y la importancia de las decisiones que tomes al respecto.

Así que quiérete así, sonríete, siéntete más tuya que de alguien porque solo de esa forma ampliarás tu perspectiva, serás feliz y harás el bien a quienes te rodean.

#MujerInspírate

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