¡Con qué facilidad solemos dar likes a otros!, pero resulta que halagarnos, admirarnos y gustarnos a nosotras mismas cuando nadie nos ve no es tarea sencilla. Detrás de las cortinas, en un silencio íntimo y egoísta, sale siempre a relucir lo que menos nos agrada de nuestro cuerpo o nuestra personalidad.

Allí, los defectos tienden a multiplicarse, los señalamientos desacertados nos asaltan, nos crucifican y el sabor a culpa se vuelve más agudo. Todo ello pasa detrás de un velo tupido con el que buscamos ocultar la realidad en la obsesión de ostentar una vida perfecta a través de la esfera virtual y la frivolidad de los likes, views, shares.

Quiero, con esto, hacer una invitación a regalarnos likes a nosotras mismas. Likes reales, cargados de la misma expectativa e ímpetu con la que esperamos los virtuales; esos que no se aprecian porque están allá, del otro lado, tan impersonales y alejados de la sensibilidad. De esos que –alejados del bullicio de los medios, los filtros de las imágenes y la trivialidad de la interconectividad fugaz– son capaces de conmovernos hasta la piel.

Regalémonos likes a nosotras mismas porque creemos y apreciamos el reto de ser mujeres artesanas de vida.

Los aplausos ajenos no nos engrandecen tanto como pueden hacerlo aquellos que nos concedemos.

Regalémonos likes porque la valentía no llega sola, llega después de los desaciertos, después de levantarnos cada vez que caemos sin estar completamente recobradas.

Regalémonos likes para entender la necesidad de contemplar la rudeza de los desiertos que cruzamos, las batallas que perdemos y vencemos. Por perdonarnos las tareas inconclusas, los amores negados y los besos malgastados.

Regalémonos likes a nosotras mismas y a las demás mujeres que sueñan, a las que propagan canciones. A las que escriben y reeditan sus historias una y otra vez, a las de aquí y las de allá, a las románticas y las revoltosas. A las que pelean a diario contra la enfermedad –la física y la moral–, la del país apático.

Likes para enaltecer el papel que se nos fue dado. Para representarnos y dignificarnos, para embellecer lo que somos detrás de las cortinas, lo que somos en la oscuridad; allí, donde nadie nos ve y en donde los filtros no se activan. Allí, detrás de la pantalla, esa que hemos buscado convertir en nuestra aliada para ser competentes, aprobadas y amadas por los demás.

Likes por entender que claramente todo pasa, pero de ello nos queda la fuerza, la sensatez y la valentía. El carácter se reafirma e inevitablemente la vida nos lleva a repensar, a reinventar lo que somos, a soltar, pero también a aferrarnos a lo que en realidad nos hace ser mejores.

¡Mujeres con agallas es lo que hay!

Likes por la que pisan despacio, pero son como huracanes, vienen y van sin filtros en la lengua y difícilmente se tragan el mapa mental del otro porque entienden que el gusto propio vale más que la admiración pública disfrazada de emoticones. Por las que buscan hacer la diferencia, incluso, con las insatisfacciones con las que a diario cargan sus enojos, sus cambios de humor y sus bipolaridades.

Mi admiración para todas las mujeres que aun con sus desencantos y peleas existencialistas entienden que hay que ser visibles, alzar la voz y salir al encuentro de un amor propio sin fachadas.

Escrito por Diana Mile Saldarriaga, síguela en su cuenta Instagram.

#MujerInspírate

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