Admiro a las mujeres que tienen carácter; para mí son como heroínas, no las superhéroes revoltosas, ni conflictivas ni agresoras, tampoco aquellas que se vuelven famosas por sus hazañas y grandes hechos públicos.

Las mujeres de carácter son aquellas que se quiebran fácilmente pero de golpe se levantan como tormentas.

Aquellas de las emociones, las que lloran y no esconden sus fragilidades, las que actúan por convicción y no por ganar aprobaciones de los demás.

Las mujeres con entereza. Esas son las que me sorprenden porque entienden la naturaleza imperfecta de ser humanas, así viven las atmósferas de caos y se alientan en los escenarios de luz.

Aquellas que hacen brillar la mirada de los demás, que no buscan lastimar ni desdibujar la imagen de nadie por enaltecer la propia y sin embargo, comprenden que simpatizar y coincidir con todo el mundo es una falacia.

Admiro a las mujeres que reafirman su carácter y aceptan que la vida las lleve a repensar, a reinventar lo que son, a soltar, pero también a aferrarse a lo que en realidad las hace brillar.

Aplaudo sus equivocaciones, sus hechos absurdos y carentes de lógica porque estas mujeres saben recobrarse aún con lágrimas y enojos, con la aridez de los desiertos y lo disruptivo de la realidad. Esas que se bastan en la gracia de un ser supremo y sanador –sea cual sea–, al mío lo llamo Dios, el de las acciones, el que enseña que hay cosas que vamos a entender aquí en la tierra y otras allá en el cielo.

Creo en las mujeres audaces, las que tienen agallas pero también aceptan los desaciertos y temores en sus vidas.

  • En las mujeres auténticas, las de los aciertos y las torpezas, las del perdón íntimo.
  • Creo en las del amor propio sin fachadas, las que se aman por lo que ven y sienten de ellas mismas, no por el ruido colectivo.
  • Creo en las empoderadas de lo que son y de lo que saben, no de los estándares remachados.
  • En las que están presentes, las que no llevan máscaras ni usan figuras de retórica para simpatizar ni encajar.
  • Creo en las mujeres enigmáticas, apacibles y estridentes, plagadas de contrastes, tan tiernas y tan violentas, irritables y presuntuosas.

¡Qué vivan las mujeres intrépidas que caminan  por ahí, tal vez con mil y un luchas a cuestas pero irradian luz en cada paso que dan!

  • Las que vislumbran su tierra prometida y continúan con mayor firmeza en la conquista de mundos inimaginables.
  • Las que cargan maletas livianas y corazones atestados de emociones.

¡Qué vivan las mujeres indescifrables!, aquellas que van por la vida sin pudor, alejadas del delirio por querer alcanzar estrellas irrumpiendo en cielos ajenos.

Escrito por Diana Mile Saldarriaga, síguela en su cuenta Instagram.

#MujerInspírate

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