Si hay algo que la vida trae de sobra son los golpes bajos. Me refiero a esos momentos que llegan sin premeditación alguna y se sienten como un puñal directo al corazón. Estos vienen acompañados de dolor, decepción, angustia, resentimiento, impotencia, resignación… ¡todo un coctel indeseado de emociones!

Cuando vivimos momentos duros, lo más común es sentirnos arropadas por la tristeza y aunque es necesario permitirnos un tiempo para drenar todo lo que sentimos y asimilar lo que vivimos, siempre tendremos que reunir las fuerzas necesarias para levantarnos nuevamente y usar esas experiencias dolorosas a nuestro favor con el fin de seguir adelante. A esto le conocemos como la capacidad de ser resiliente.

Ahora bien, es muy fácil hablar de resiliencia, pero ¡cómo cuesta ponerla en práctica!

Ser resiliente puede convertirse en todo un reto personal ya que el dolor emocional suele nublar tu buen juicio para mantenerte en un estado de desánimo perenne.

En otras palabras, por eso crees que no podrás salir de esta ni volver a levantarte; por eso no logras concebir algo mejor para ti que aquello que perdiste ni piensas en un mejor futuro más allá de lo que vives. Pero todo eso no es más que la tristeza y el dolor susurrando a tu oído.

Hoy quiero hablarte de algunos principios que me han ayudado a recuperar el norte en los días más oscuros y a ser resiliente cuando la vida ha llegado con sus golpes inesperados. Más que tomar nota, te invito a guardarlos en tu corazón y a practicarlos de manera intencional en tus peores momentos para que puedas experimentar una bonita transformación contra todo pronóstico y en medio de las peores circunstancias.

Porque la vida no nos entierra, la vida nos planta y una vez plantadas, solo nos queda florecer.

Mantén una buena actitud

Lo primero que debes entender para ser resiliente es que aunque no puedas controlar lo que pasa o deja de suceder, sí depende de ti la actitud con la que asumes los hechos.

Aunque las circunstancias no sean perfectas, tu actitud sí puede ser la adecuada.

Examina tus motivos

A veces cosecharás cosas que no has sembrado y deberás lidiar con ello. Con esto quiero decir que –nos guste o no– las injusticias también son parte del diario vivir. Un claro ejemplo de este punto es cuando recibes mal por bien.

Aunque no puedas evitar que la vida tenga una parte injusta, sí puedes revisar los motivos que te impulsan a actuar. Si vas a practicar el bien, procura hacerlo porque te nace, porque a Dios le agrada, porque es tu naturaleza y no solo por esperar una recompensa a cambio.

Así, aunque mal te paguen, te quedará la satisfacción de una conciencia tranquila porque habrás cumplido con tu parte, que es hacer lo correcto. Créeme, Dios toma eso en cuenta.

El bien que hay en ti es tu mejor arma contra la injusticia. No te dejes contaminar al querer pagar mal con mal, que de eso ya hay bastante.

Acepta los hechos

No, no hablo de resignación. Hablo de aprender a soltar y dejar ir lo que te lastima solo por no comprender por qué sucedió.

Cuestionarte y buscar razones o culpables no harán que el pasado cambie, tampoco lo hará quejarte ni lamentarte eternamente por lo que pasó.

No siempre tendrás las respuestas que buscas ni el cierre que necesitas pero aún así, tendrás que aprender a seguir adelante. Eso solo lo lograrás aceptando los hechos.

Asume tu responsabilidad

Si eres responsable –en parte o por completo– de ese momento duro que vives, debes asumir las consecuencias de tus acciones y/o decisiones que dieron pie a ese desenlace para poder enmendar, perdonarte y hacer las paces contigo misma. De lo contrario, no podrás avanzar porque la culpa y el resentimiento te lo impedirán.

Ser consciente de tu responsabilidad en el asunto y aceptarla te conecta con tu lado más humano y hace que la humildad crezca en ti.

Busca lo mejor

En el orden de ser resiliente, no puedes quedarte en lo que sucedió. Haz tu parte y busca soluciones o bien, encuentra el aprendizaje en lo vivido porque toda experiencia, por dura que sea, encierra una lección.

Abraza siempre lo mejor de lo que pasa.

Recuerda que somos cambio. Aunque no siempre sean agradables, sin duda alguna los cambios son necesarios para crecer y redireccionar nuestro rumbo.

Aunque de vez en cuando la vida embate con sus golpes bajos, para ser resiliente debes recordarle a tu corazón que esos momentos duros también son temporales.

Aférrate hoy a lo bueno y levántate nuevamente que nada de eso es para siempre, aunque lo sientas así.

#MujerInspírate

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